Hiroshima en silencio

Hiroshima desde el Parque Memorial de La Paz
Es muy difícil encontrar palabras para describir Hiroshima. Tal vez porque 72 años después de la bomba, el dolor se sigue elaborando. 

El 6 de agosto de 1945, mientras Hiroshima despertaba, cayó desde el cielo la muerte. Inmensa, brutal, arrasó con una ciudad y 140.000 vidas (una más una más una…) dejando un desierto de cenizas, escombros y desesperación. La muerte entregada por un piloto de avión, la muerte contenida en un misil, la muerte regenteada por hombres que justificaron este acto en nombre de la guerra.

Ahora sólo queda el recuerdo de aquel desierto. En los años posteriores, la ciudad se reconstruyó materialmente de una manera sorprendente. Sin embargo, los tiempos para sanar heridas son otros y, de alguna manera, el trauma se sigue elaborando por su gente: en los chicos del secundario que colectan firmas para el desarme nuclear, en las grullas que recibe el Monumento de La Paz de los Niños, en los objetos personales del museo, en la llama que arderá en el centro de la plaza hasta que no haya más armas nucleares en el mundo.

Hiroshima todavía está de duelo. 

Porque esta historia es reciente y personas queridas murieron, marcando familias y generaciones. Porque las guerras no son historia sino presente.

Tal vez Hiroshima recuerde para no dejarnos olvidar.

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En el Parque Memorial de La Paz de Hiroshima encontramos:

A – Bomb Dome (Cúpula de la bomba atómica)

Este es el único edificio que se mantuvo en pie luego de la bomba, ya que se encontraba muy cerca del epicentro de la explosión. Fue preservado exactamente como se encontró después del bombardeo y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996.

Artículos imperdibles:
Los dos pilotos de Hiroshima (José Pablo Feinmann)
El monstruo del cielo (Juan Forn)

A- Bomb Dome Hiroshima
A- Bomb Dome

 Cenotafio en memoria de las víctimas de la bomba atómica

Según el Diccionario, la palabra cenotafio deriva del latín tardío cenotaphĭum, y éste del griego κενοτάφιον (kenotáphion), que significa “sepulcro vacío”.

Este Cenotafio es una tumba con forma de arco, con la que se recuerda a todas las personas que murieron en Hiroshima por la explosión o por los efectos de la radiación. Debajo del arco de piedra hay un cofre en el que se guarda el registro de estos nombres. Como epitafio, la siguiente inscripción: “Descansad en paz, pues el error jamás se repetirá”.

Sankichi Tôge, famoso poeta de Hiroshima cuyo monumento también se encuentra en el Parque Memorial de La Paz, escribió:

“Devuélvanme la gente

devuélvanme mi padre
devuélvanme mi madre
devuélvanme mis abuelos
devuélvanme mis hijos

devuélvanme mi persona
devuélvanme mis hijos y los hijos de mis hijos

devuélvanme una paz
la paz humana
inquebrantable mientras exista la vida humana

De “Poemas de la bomba atómica”, 1951

(Traducido por la Unam en “Poemas por La Paz“)

 

Cenotafio en memoria de las víctimas de la bomba atómica
Cenotafio en memoria de las víctimas de la bomba atómica

 Llama de La Paz

Esta obra, diseñada también por Kenzo Tange, se encuentra alineada entre el Cenotafio y el A-bomb Domo. En la placa explicativa se lee (traducido del inglés al español):

“Al borde norte del Pozo de la Paz se encuentra la Llama de la Paz, que fue construida con donaciones de todo Japón (…) Simbolizando el deseo universal de un mundo libre de armas nucleares, la llama arderá hasta el día que estas armas hayan desaparecido de la tierra (…) El pedestal es una representación abstracta de dos manos abiertas hacia arriba…”

Llama de la Paz
Llama de la Paz

 

El Monumento de la Paz de los Niños

Tal vez el más doloroso. La placa explicativa dice (traducido del inglés al español):

“Este monumento se alza en memoria de todos los niños que murieron como resultado de la bomba atómica de Hiroshima. El monumento fue originalmente inspirado por la muerte de Sadako Sasaki, quien fue expuesta a la radiación de la bomba a la edad de 2 años. Diez años después Sadako enfermó de leucemia, lo que finalmente terminó con su vida. Su muerte impulsó a sus compañeros a empezar el llamado para la construcción de un monumento para los niños que murieron debido a la bomba atómica. Construido con las donaciones de más de 3200 escuelas en Japón y donadores en nueve países, El Monumento de La Paz de los Niños se mostró el 5 de Mayo de 1958.
En la cima del monumento de 9 metros, la estatua de bronce de una joven levanta una grulla dorada confiada con los sueños por un futuro en paz. Las figuras de un niño y una niña se encuentran a los costados del monumento.

En la inscripción se lee: ” Este es nuestro llanto. Esta es nuestra oración. Para construir paz en este mundo”. (…)
La ciudad de Hiroshima”

Monumento de la Paz de los Niños
Monumento de la Paz de los Niños

Los colores que se ven detrás del monumento son las miles de grullas que la gente ofrece para continuar con este pedido (vimos un canasto con grullas de Brasil, por ejemplo).

El símbolo de la grulla se remonta a una creencia popular japonesa (“Semba-Tsuru”) que dice que a quien haga mil grullas de papel se le será concedido un deseo del corazón. Cuando Sadako enfermó comenzó a hacerlas, una a una. Después de su muerte sus compañeros de escuela, terriblemente shockeados por la pérdida de su amiga, decidieron construirle una tumba o algún tipo de monumento. Surgió entonces la idea de construir un monumento no sólo en memoria de Sadako sino de todos los niños que murieron por la bomba atómica, dando lugar al movimiento que tuvo como resultado la creación del Monumento de La Paz de los Niños. Actualmente la grulla de papel también se asocia a esta historia y se transformó en un símbolo de paz y de esperanza.

Detrás de los paneles hay un buzón y una cálida nota que invita a que quienes ofrecen grullas escriban sus datos para que la información pueda registrarse en la base de datos de las grullas de papel y ser presentada al público. La persona recibirá luego una carta de agradecimiento del Departamento internacional de promoción de Paz de Hiroshima.

Grullas de papel volando - Hiroshima
Grullas de papel volando

Y..

un cuento infantil de Elsa Bornemann que, muchos años atrás, ya me había hecho emocionar: Mil grullas.

 

Museo Memorial de La Paz de Hiroshima

Se dice que el fotógrafo Yoshito Matsushige, quien tomó una de las fotos que se muestran a la entrada del museo, sacó sólo cinco fotos porque el sufrimiento era tal que no pudo seguir registrando.

El abordaje de la temática es muy completo, no sólo histórico- técnico sino sensible. Una de las salas principales es una exposición de objetos personales de gente que murió por la bomba. Entre ellos, la caja de metal de un estudiante con la ceniza de la comida adentro que su madre le había preparado con los vegetales recién maduros de la huerta; la sandalia de una chica, cuya madre reconoce porque ella misma la había hecho con la tela del kimono; un reloj de pulsera detenido a las 8:15 a.m. Porque esa mañana, en Hiroshima, el tiempo se detuvo.

El valor de los objetos reside en el hecho de que fue lo único que quedó de estas personas después de la explosión ya que sus cuerpos fueron carbonizados. Estos objetos fueron encontrados por los familiares después de horas desesperadas de búsqueda  y son, de alguna manera, sus restos y la confirmación de su muerte, condiciones necesarias para que un duelo pueda comenzar a elaborarse.

En el museo también están las grullas hechas por Sadako, quien a medida que su enfermedad avanzaba las hacía cada vez más pequeñas, hasta hacerlas casi en miniatura. Se muestran libros y documentales sobre ella y la construcción del Museo de La Paz de los Niños.

Finalmente, otra exposición de fotografía. La ultima foto es de una planta entre los escombros con la siguiente leyenda (traducida del inglés al español):

“Ese otoño
en Hiroshima se decía
“Por setenta y cinco años nada crecerá”
Nuevos brotes nacieron
en el verde que volvió a la vida
Entre las carbonizadas ruinas
la gente recobró
sus esperanza y coraje vivos.”

Hiroshima poesía

A las palabras de esta narración las fui tomando prestadas, poco a poco, del silencio que me produjo Hiroshima. No serán muchas, no serán las mejores.

Son las que pude encontrar.

+Info: 

  • Llegamos a Hiroshima en bus con la compañía Willer Express. Compramos un “Hiroshima – Osaka/Kyoto Daytime Pass”. El pase es válido para buses diurnos a estas ciudades, incluye tres idas-vueltas durante un período de 90 días y nos costó 6.000 yenes – €46.04.
  • La entrada al museo Museo Memorial de la Paz de Hiroshima nos costó 250 yenes – €1.91. Hay audiogía disponible en español, lo que facilita procesar la información (200 yenes – €1.53) . Chequear bien los horarios porque cambian según la época del año.
  • En la ciudad hay una biblioteca de mangas a la que se puede ir gratis a leer historietas. Aquí hay una pequeña sección en inglés donde están los libros de Keiji Nakazaw, “Bare foot Gen” (info gentileza de Lina B).
  • En el Parque Memorial de la Paz hay muchos monumentos interesantes que no he incluido en este post. La página del Museo, pestaña “Learn- virtual museum”, ofrece (en inglés) el listado y la descripción de cada uno.
  • Cuando visites el Parque Memorial de La Paz no te olvides de llevar tu grulla de papel y una birome.
  • Estás en Japón, ¡tierra del sushi! No te vayas sin probarlo.
  • Cerquita de Hiroshima está la isla Miyajima, muy recomendable para un paseo de un día.

Buen viaje! Y no dudes en escribirnos! 

~*~

* Los precios que se exponen corresponden al 5 de Febrero de 2017, por lo que pueden haber sufrido modificaciones. Las apreciaciones son personales, con un profundo respeto hacia la cultura y la historia del lugar. 

Viajó en mochila por el mundo durante trece meses. Cree, desde entonces, que lo sueños pueden hacerse realidad. A veces psicóloga, a veces viajera, casi siempre escribe. Odia autodescribirse, pero entiende que es importante saber quien está hoy viajando con vos.


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